miércoles, 14 de noviembre de 2007
Y acá estoy una vez mas tratando de limpiar mis ideas, cerrando puertas, abriendo ventanas, bajando las escaleras de tu casa y subiendo a cualquier techo que me enseñe las estrellas, tratando de borrar, olvidar y volver a empezar para que cuando tengas ganas vuelvas y me tires abajo todo, una vez mas, como siempre. Es increíble lo lejos que estas, lo lejos que estoy yo, si, estoy mas grande, me cambie el peinado, me salieron un par de granitos, si, me rompieron el corazón y me pegaron en tren. Lo mismo de siempre, ya sabes. Ya me conoces. Demasiado tal vez. Hoy estoy de nuevo con las rodillas adheridas al asfalto, el sol esta fuerte y te juro que la brea me quema. Por que puede el mundo seguir girando como si nada? Como puede ser que a nadie le importe? Por dios, me duelen las rodillas! Es evidente que para vos fui poco, nada y menos. Esta bien, te respeto. No voy a llorar por eso. No de nuevo. Nunca más. Pero… es que duele tanto la indiferencia, TU indiferencia. Una vez mas me sonreís igual que siempre, me buscas conversación, me contas de tu vida, y mientras te miro a los ojos, oyendo lo que decís, jamás escuchando, jamás creyendo lo que hablas, no puedo dejar de pensar y pienso. Dos, tres, siete veces todo. Pienso en lo que fui y en lo que soy. Y entiendo y me enferma entender que soy lo peor de vos, que soy la peor foto que nos podrían haber sacado, entiendo que no me extrañes, que no necesites un abrazo mío, que no te importe si le estoy buscando novia a mi gato o si estoy buscando a algo que me haga bien. Y ese número asqueroso, que me sigue a todos lados, que lo tengo tatuado en el hígado y no me deja dormir, y con ese numero que tantas veces fue el mejor día de mi vida venís vos, te caes de lleno en mi y no soy capaz de levantarme, no puedo levantarme. No tengo ni ganas ni fuerzas ni motivos ni nada. Nada. Siempre llego a lo mismo cuando se trata de vos, nada.
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